Desenredando (I): los inicios del sionismo

Naturalmente, historiadores e historiadoras son quienes pueden profundizar más y mejor en los acontecimientos, pero eso no nos exime de la responsabilidad de intentar entender lo que está ocurriendo porque hay hechos objetivos que nos explican el punto en el que nos encontramos.

Las potencias comerciales que se fueron desarrollando en Europa desde el siglo XVI fueron expandiéndose y constituyendo sus respectivos imperios. La anexión de nuevas tierras que explotar y el sometimiento de las gentes que las poblaban han venido siendo el leit motiv del sistema capitalista desde entonces.

Es verdad que, en el siglo XIX, se había entrado en un modo más refinado de ejercer el imperialismo: se habían definido las ‘grandes potencias’ y ya estaban generalizados los tratados que permitieran apretar las tuercas.

Claro que este sistema de tratos puede hacer que la parte perjudicada se dé cuenta de que las ganancias siempre se inclinan hacia el mismo lado y acabe reclamando un reparto más justo.

Un principio para la eliminación de conflictos es que el acuerdo en cuestión sea equitativo y que se cumpla por las partes. No parece que fuera eso lo que ocurrió en la declaración del estado de Israel.

Muchas cosas llaman la atención en la constitución del estado israelita.

Por citar una, ¿por qué esa necesidad de asignar un territorio a una doctrina religiosa? En el caso de las otras dos grandes religiones monoteístas, tanto la cristiana como la musulmana, aspiran a expandirse por el mundo y, según el caso, admiten un líder (Papa o Imán) y la existencia de lugares santos. El judaísmo sionista no, lo que proyecta es la conveniencia de un estado teocrático que se identifique con un territorio y que sirva de reclamo para los practicantes. ¿Significaría que, a medida que aumentara el número de seguidores se deberían ampliar las fronteras? … sinceramente da un poco de miedo pensarlo.

Ha venido bien puntualizar aquí eso del ‘sionismo’ porque de la misma manera que no se puede identificar el cristianismo de la iglesia evangélica y la católica, o que se debe distinguir entre legionarios de Cristo y jesuítas o entre las dos grandes ramas del islam, chiismo y sunismo; hay que saber que el judaísmo no es uniforme, que dentro de todas estas religiones existen discusiones teológicas que distinguen unos grupos de otros.

El caso es que el pleito de las tierras palestinas parece estar más relacionado con el sionismo y, si nos ponemos a indagar, el sionismo parece tener un origen no tan religioso o, al menos, mezclado con los intereses económicos propios de la época en que se desarrolla.

Volviendo al siglo XIX; es el siglo de reestructuración de los imperios y del reparto del mundo por los dominantes. En ese momento, una de las zonas que habían concentrado mayor población judía era Polonia producto de sucesivas expulsiones de judíos hasta el siglo XVII.

Para que nos hagamos una idea:

https://es.wikipedia.org/wiki/Expulsi%C3%B3n_de_los_jud%C3%ADos#/media/Archivo:Expulsi%C3%B3n_jud%C3%ADos.svg

Una de las características más relevantes de la expansión imperial es, en su afán de uniformizar los territorios, ir eliminando derechos de las poblaciones conquistadas. Esto sucedió cuando parte de Polonia pasó a formar parte del imperio ruso en tiempos de Catalina II, quien suprimió los derechos de los judíos establecidos en esas tierras y pasó a considerarlos ‘extranjeros’ (1742). Esa pérdida de ciudadanía y las dificultades para su reconocimiento legal que les impedía un modo de ganarse la vida, generó descontento entre la población judía cuyas demandas no solo no fueron atendidas, sino que, para evitar que la clase media que se estaba desarrollando se extendiera entre ella, Catalina decidió confinar a sus habitantes en una Zona de Asentamiento (1772) que estaría vigente hasta el siglo XX.

Por ejemplo el mapa de distribución de la población judía en la zona de asentamiento en 1905 es el siguiente:


https://es.wikipedia.org/wiki/Zona_de_Asentamiento#/media/Archivo:Ansiedlungsrayon-es.svg

La cosa empeoró cuando el zar Alejandro II fue asesinado en 1881 y se acusó a la comunidad judía de haber participado en el complot. Desde el gobierno de su hijo, Alejandro III, se alentaron los actos vandálicos antisemitas, los denominados ‘pogromos’. Para evitar la censura de la opinión pública mundial sobre estos pogromos, se redactaron las ‘Leyes de mayo’ (1882) que, si bien intentaban eliminar la violencia, limitaban aún más los medios de subsistencia de los judíos. En los años posteriores nuevos edictos añadían nuevas restricciones, incluidas expulsiones como la de Kiev (1887) y Moscú (1891) o la prohibición de participar en las elecciones (1892).

Con la promulgación de las Leyes de mayo y el empeoramiento de las condiciones en Rusia, empezaron a formularse posibles soluciones. De un lado se defendía la permanencia en teritorio ruso y se insistía en la reclamación de los derechos vulnerados (asimilación); de otro se iba extendiendo la idea de que la solución estaba en la creación de un Estado judío independiente. Precisamente esta idea se manifiesta en uno de los documentos fundacionales del sionismo, ‘Autoemancipación’ (1882) publicado de forma anónima por el médico ruso-polaco Leon Pinsker.

Pinsker, que había defendido la integración y demanda de los derechos perdidos en suelo ruso, cambió su forma de ver la situación y pasó a reclamar una tierra propia que, curiosamente y según su criterio, debía estar fuera de Palestina para evitar conflictos. Sin embargo, había creado en 1881 el movimiento Hovevei Zion (Amor a Sion) que sería de gran importancia en el nacimiento de la doctrina sionista.

Paralelamente, en Francia ya se había creado en 1860 la entidad educativa Alianza Israelita Universal que adquiriría gran influencia sobre distintos gobiernos hasta el punto de lograr que el canciller alemán Otto von Bismark exigiera el reconocimiento de los derechos de los judíos como condición para la creación de los estados de los Balcanes en el Congreso de Berlín (1878).

Colaborador de la Alianza, el que sería Gran Rabino de Francia, Zadoc Kanh, convenció al millonario Maurice de Hirsch de la conveniencia de un plan de ayuda para la emigración de judíos y su establecimiento en Argentina. Hirsch crearía para este propósito, la Asociación de Colonización Judía (1891). A la vez que se barajaban distintas opciones de dónde ubicar la población judía desplazada, iba cobrando fuerza la idea de ocupar Jerusalén (Sion).

Aunque ya habían existido migraciones desde el este europeo hacia occidente buscando mejores condiciones de vida, estos nuevos movimientos específicos de población judía respondían a la intención de encontrar territorios de asentamiento. Antes, quienes hacían ‘aliá’ (movimiento migratorio) hacia el territorio palestino, se movían más por un sentimiento de vínculo tradicional, como morir el Tierra Santa, que por la ocupación de tierras ya que se trataba de un tierra empobrecida donde una mayoría de habitantes judíos dependían de las aportaciones caritativas de otras comunidades judías repartidas por el mundo.

Ya en 1882 el banquero Edmond James de Rothschild había empezado a comprar tierras en la Palestina otomana como inversión para la explotación de productos agrícolas. Aunque su interés inicial poco tenía que ver con la causa sionista, cuando ésta empezó a consolidarse fue un gran impulsor de la propuesta de crear un estado judío en tierras de Palestina que había planteado Theodor Herzl en su libro ‘El estado judío’ (1896).

Con el fin de ‘hacer causa’ del sionismo, Herzl organizó el Primer Congreso Sionista en Basilea en 1897. Sus planes eran crear la Organización Sionista Mundial y conseguir una declaración de objetivos del sionismo.

Periodista de profesión, Herzl había fundado ese mismo año en Viena el periódico Die Welt (El mundo) a través del cual convocó el congreso que debería celebrarse en Munich. Sin embargo, debido a la oposición de la misma comunidad israelí y la protesta de los rabinos por los posibles desórdenes que se pudieran ocasionar, las autoridades no aceptaron la convocatoria. Tampoco Inglaterra, Francia y Rusia lo aprobaban.

Finalmente se realizó en Basilea y esta fue la declaración final:

El sionismo busca establecer un hogar para el pueblo judío en Eretz Israel (Tierra de Israel, antiguos reinos de Judá e Israel), garantizado por el derecho público. El Congreso contempla los siguientes medios para alcanzar este fin:

1. La promoción, por los medios adecuados, del asentamiento en Eretz Israel de agricultores, artesanos y fabricantes judíos.

2. La organización y unión de todo el pueblo judío mediante instituciones adecuadas, tanto locales como internacionales, de conformidad con las leyes de cada país.

3. El fortalecimiento y fomento del sentimiento nacional y la conciencia nacional judíos.

4. Los pasos preparatorios para obtener el consentimiento de los gobiernos, cuando sea necesario, a fin de alcanzar los objetivos del sionismo.

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Estas fueron las bases del movimiento sionista cuyas consecuencias se arrastran hasta nuestros días.

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