La importancia de la mirada y el apoyo mutuo en el feminismo (I)

Hemos terminado otra conmemoración del 8M. Han habido muchos actos y manifestaciones a las que mucha gente se apunta sin que parezca que esté claro lo que se celebra, lo que se quiere recordar. Sin embargo, el lento proceso de reconocimiento y asunción de los derechos de las mujeres, una auténtica lucha, necesita de continuidad diaria.

Después de la función del pasado día 7 ‘El ciclo de la violencia de género’ me interesé por si había algún grupo de mujeres que estuviera intercambiando experiencias y saberes en el pueblo. La respuesta fue negativa y, sobre la intención de querer montar uno, la respuesta fue “depende”.

Empiezo con este primer escrito mi contribución personal a ese ‘depende’ … por si alguien más se anima.

Un vistazo a la historia

No es hasta el siglo XVIII que las mujeres empezamos a reclamar públicamente la diferencia de trato con respecto a los hombres. Empezamos a mirarnos como seres humanos en igualdad de condiciones que nuestros compañeros. Empezamos a preguntarnos ¿por qué ‘ellos’ podían estudiar, ejercer una profesión o dedicarse a la política y nosotras no?

Todas esas reivindicaciones se hicieron posibles porque pudimos empezar a crear clubes en los que pudimos intercambiar experiencias e ir detectando las injusticias de nuestra condición. Pudimos entender que, mientras permaneciéramos aisladas en nuestras casas, nuestros derechos no serían reconocidos … los hombres tenían el poder y lo ejercían a través de instituciones ‘no domésticas’, es decir, públicas, que ellos habían creado.

Con la industrialización y la consolidación del capitalismo como sistema de producción (y explotación), la incorporación al trabajo asalariado se fue extendiendo y, de la misma manera que se empezaban a reclamar derechos y mejoras en las condiciones laborales, las mujeres empezamos a preguntarnos por qué la mano de obra femenina era más barata que la del hombre o a ser conscientes de que, al mismo tiempo que resultábamos más baratas con las mismas jornadas de trabajo, recaían en nuestras espaldas las responsabilidades de las tareas domésticas. Creamos las primeras asociaciones feministas para explicar que nuestros derechos estaban golpeados doblemente, como asalariadas y como mujeres … los hombres seguían teniendo el poder y seguían estableciendo las normas.

Algunas consecuencias

Tener el poder y establecer las normas significa que las reglas del juego serán sesgadas, en primer lugar porque quienes dicten esas normas, de manera natural, no van a tomar en consideración derechos de los que ni siquiera son conscientes de que existen.

No se van a entender las quejas de las mujeres porque los hombres no dan de mamar ni tienen la regla, por poner ejemplos claramente diferenciales. Sin embargo estos condicionantes no han impedido ni impiden nuestro normal trabajo asalariado.

¿cómo se va a entender si lo que se interioriza es que son ‘impedimentos’ y no simples ‘circunstancias’?

¿por qué han asociado esas diferencias entre sexos con que las mujeres tenemos ‘mejor aptitud’ para ‘llevar una casa’?

el modelo económico y social que han diseñado los hombres ¿podría tener otra forma de haber sido elaborado con la contribución de las mujeres?

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Nadie quiere perder privilegios y si tienes la posibilidad de dictar esas normas, no vas a tirar piedras en tu propio tejado.

Los hombres, porque tradicional y mayoritariamente son hombres, que ostentan el poder pertenecen ya a una clase privilegiada, la que gobierna sobre las clases subordinadas, por el simple hecho de tener la posibilidad de elaborar las leyes.

el hecho de ser mujer, de entrada, no te incluye en esa clase privilegiada que son los ‘varones que dictan las leyes’

y no es lo peor, aún penaliza más si se tiene en cuenta la pertenencia a las clases subordinadas (trabajadoras en cualquiera de los niveles de cualificación) o discriminadas si procedes de una minoría racializada o te identificas con un género no normativo (lesbiana, transexual, queer, por ejemplo).

En fin, que ejercer el poder y tener la posibilidad de dictar las normas que regulan el comportamiento social te convierten en la práctica en dirigente (masculino principalmente), en alguien que tiene en sus manos las herramientas para establecer lo que debe hacerse, con independencia de si es o no justo.

Esto es lo que ha pasado con las mujeres, solo recientemente hemos entendido que es importante poder intervenir en esas decisiones (siempre políticas) para que sean tomados en cuenta todos los matices naturales o sociales de nuestros derechos femeninos que de otro modo solo tendrían una perspectiva masculina.

De eso trata el feminismo, de eliminar esa ventaja que la historia les ha permitido ejercer, se trata de jugar en las mismas condiciones.

Hasta aquí una aproximación al motivo de por qué existe el movimiento feminista.

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