
Según nuestro libro de referencia, hoy agrupamos dos personajes en los que se condensan muchas de las ideas y contradicciones de la época y lugar en los que vivieron. Si en la sesión anterior nos centrábamos en Thoreau y su contestación al sistema económico capitalista americano, ahora lo hacemos con la de John Ruskin y William Morris en el Reino Unido victoriano. Pero no solo en ellos sino en un conjunto de personas que se revelaron contra algún aspecto que presentaba el desarrollo capitalista o, por contra, con sus actitudes nos explican aspectos defendidos por él.
Imperialismo
Seguimos en la segunda mitad del siglo XIX y si Estados Unidos se estaba construyendo como una potencia imperialista, Europa ya tenía una experiencia consolidada. El imperio Español se había prolongado desde la época de los Reyes Católicos aunque ahora estaba en decadencia con las independencias de los estados americanos. Paralelamente el imperio portugués sucumbía ante la presión del neerlandés por acaparar las vías comerciales con las indias orientales. Ahora el interés expansionista fija su atención en África y lleva a la creación de nuevos imperios como el danés o el alemán y se mantiene la tensión entre los dos grandes, Francia y Gran Bretaña (que enseguida sería Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda).
Si hablábamos en el primer capítulo de este ciclo sobre el origen del capitalismo cuya esencia radica en la acumulación inicial de tierras, ahora vemos como, una vez comenzada, su consolidación va a seguir basándose en acaparar más y más bienes para su explotación, primero de las tierras próximas, luego de las lejanas.
Y no solo eran momentos de industrialización, además, era una época en la que se empezaban a desarrollar nuevas teorías científicas que, como el darwinismo, iban a cambiar posteriormente las creencias religiosas.
También la ciencia económica desarrollaría las primeras suyas que se agrupan en lo que se conoce como escuela clásica de economía. Los análisis de Adam Smith en torno al origen de la riqueza de las naciones en 1776 serán la referencia de esta escuela. En ella se instruirán nombres como Malthus, Ricardo, Mill, incluso Marx. Con ellos empezará a desarrollarse lo que conocemos como doctrina del liberalismo económico que criticaría ‘El capital’ de Marx.
Para cerrar este vistazo rápido, faltaría señalar el posicionamiento ante el esclavismo. Las ideas abolicionistas también se habían extendido en la Gran Bretaña. Aparecen los primeros movimientos contra el esclavismo. Aquí hay que mencionar la importancia de las mujeres en ellos. Hemos de contar con Amelie Opie, que encabezaría una petición con 187.000 firmas ante el Parlamento inglés para su abolición, siendo esta la primera campaña masiva en favor de los derechos humanos, y todo ello sin contar con el derecho a voto.
Lo que más me ha interesado de todo lo que envolvía a Ruskin y Morris que, recordemos, eran los nombres seleccionados en el libro que estamos siguiendo, ‘En los orígenes del decrecimiento’, ha sido, sobre todo, la maraña de influencias que desembocarían en los inicios del socialismo como contraparte del desarrollo del capitalismo con su versión académica del liberalismo.
No podemos entrar en profundidad, pero intentaré resumir todas estas influencias que retratan un momento importante de la historia en el que no hay que olvidar que muchas de estas reacciones están incluyendo ideas decrecentistas.
La pena es que, en todo este proceso dialéctico de acción y reacción, venciera la versión de las clases dominantes y así se nos transmitiera (o más bien eliminara) en la educación en las escuelas.
Recordaré una vez más que este ciclo de reflexión nace, en parte, como una reivindicación de esa carencia formativa que se nos ha negado mediante la ‘parcialidad’ que transmiten los conocimientos que nos enseñan en la escuela.
Algunas relaciones e influencias
Estas son algunas de las personas cuyas ideas, según mi criterio, cabe destacar como contribuyentes a la concepción del decrecimiento, no solo como teoría en sí misma, sino como reacción a la noción de ‘crecimiento’ que es lo característico del capitalismo. Y eso con independencia de las contradicciones personales que individualmente vivían.
Me parece que todo hay que recordarlo para que el ejercicio de memoria sea lo más completo posible y, por tanto, para saber extraer las razones en las que se basará el decrecentismo en la actualidad.
Por ejemplo Ruskin, que reivindicaba la vida de la Edad Media casi como un paraíso perdido a causa de la violencia que la industrialización ejercía sobre las personas, respaldaría a su admirado Thomas Carlyle cuando éste apoyó la defensa de John Eyre gobernador de Jamaica por su responsabilidad en la represión de Morant Bay. Allí se había producido una rebelión de esclavos libertos afroamericanos por las condiciones de trabajo que padecían. Aunque en teoría la esclavitud había sido abolida en 1808, no lo fue en la práctica hasta 1838. Sin embargo esos esclavos liberados continuaban trabajando para los mismos productores de azúcar en una situación de pobreza extrema. En 1865 organizaron una marcha de protesta que fue duramente repelida. Carlyle asumió la dirección del fondo de Defensa y ayuda a Eyre que sería respaldado entre otros por Darwin, Spencer, Dickens o, como se decía al principio, Ruskin … no parece que tuvieran muy claro que la esclavitud en las colonias era una condición sine qua non para el desarrollo del liberalismo económico, ese laissez faire que se criticaba para Gran Bretaña en la que vivían.

Por contraste, Ruskin fue una gran influencia para William Morris quien sería uno de los pioneros del movimiento socialista. Sería miembro fundador de la Liga Socialista después de haber pertenecido a la Federación Socialdemócrata, primera organización socialista en Gran Bretaña.
En todo este proceso se van a ir desarrollando conceptos de la denominada Ciencia económica que van a servir para justificar el sistema capitalista.
Inicios de la Ciencia económica: el enriquecimiento como fuente de inspiración
Parece que fue Rousseau quien, en el siglo XVIII, en la Enciclopedia francesa, distinguió la economía general o política de la doméstica para hacer referencia al gobierno del Estado. Más tarde el término se transformará en lo que se conoce como Ciencia económica. Al profundizar en estos años del siglo XIX nos vamos a encontrar tanto los términos economía general, economía política o ciencia económica para indicar que la economía ha dejado de ser familiar, doméstica o comunal para pasar a encargarse de las pautas que deben señalar los Estados.
Para cuando aparece John Ruskin con sus ‘Cuatro ensayos sobre los primeros principios de economía política’ en 1860, ya habían publicado sus obras sobre economía los cuatro teóricos contra los que arremete en dichos escritos.
El primero de ellos es el ya mencionado Adam Smith y su ‘Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones’, publicada en 1776 y considerada la madre de la escuela de economía clásica.
El otro sería Thomas Robert Malthus que publicaría sucesivas versiones de su ‘Ensayo sobre el principio de la población‘ entre 1798 y 1826. Desde el punto de vista que nos ocupa habría que destacar que sus teorías inspiraron la Ley de pobres de 1834 que comentamos en el primer capítulo del ciclo, y que oficializaba las Workhouses para desempleados e indigentes a los que separaba en cuatro bloques: ancianos y discapacitados, niños, hombres sin discapacidad y mujeres sin discapacidad.
El tercer objetivo de los escritos de Ruskin sería David Ricardo y sus Principios de economía política y tributación de 1817. Ricardo teoriza sobre conceptos que serán fundamentales en la doctrina liberal: valor, consumo, renta o impuestos, entre otros.
Por último, el otro gran representante de la teoría económica clásica es John Stuart Mill cuya principal publicación es ‘Principios de economía política‘ de 1848. Muy prolífico en diversos temas que ahora nos son muy reiterados como la libertad y su defensa del libre comercio, en su haber podríamos destacar el enfrentamiento a las tesis de Carlyle sobre la conveniencia de mantener la esclavitud y sus preocupaciones sobre los derechos de las mujeres y de los animales.
Ruskin y Morris
En medio de todo este maremágnum de ideólogos e ideas crecentistas, John Ruskin y William Morris nos ofrecen una alternativa: la recuperación del gusto por el bien hacer y la creatividad.
Ambos son defensores, ya se ha dicho, de un retorno a un modo de vida más sereno en que la persona se pueda desarrollar dedicando más tiempo a este fin que al trabajo alienante que ofrece la industrialización capitalista.
Ruskin quiere incorporar el arte y la estética en la vida cotidiana para que la ‘belleza para todos sea obra de todos’.
Morris por su parte se lamenta de que la industria haya destruido la artesanía y define la riqueza como el ‘conjunto de todas las cosas que contribuyan al placer de las personas libres, valientes y sanas’.

Para no alargarlo más, citaré una opinión de William Morris sobre la publicación ‘Las piedras de Venecia’ de Ruskin:
“este texto es una de las raras expresiones necesarias e inevitables del siglo, capaz de indicar una salida a la estupidez y la degradación de civilización, pues la lección que nos enseña Ruskin aquí es que el arte es la expresión del placer del hombre en el trabajo; que es posible que un hombre sea feliz en su trabajo, ya que, por extraño que pueda parecernos hoy, hubo épocas en las que realmene encontraba alegría en ello”.
Vale la pena comparar la forma de viajar que describe Ruskin en este fragmento de ‘Las piedras de Venecia‘ y la nuestra actual:

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Bibliografía complementaria:
Polo Blanco, J. John Ruskin. Odiador de la civilización moderna. Claridades. Revista de filosofía, 2022
Rezzónico, M.G. Jamaica y la institucionalización de la esclavitud. Artículo on-line
Ruskin, J. Unto this last. Susan Cunnigan, 1920
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