
Hechos e interpretaciones
Vivir en el lodo, literalmente, el producido por la DANA; no poder quitárselo de encima y tener que convivir con el otro lodo, metafóricamente (o no tanto), de la evaluación partidista de los votos que les pueden proporcionar tal o cual interpretación de los hechos. Porque es la interpretación de los hechos la que interesa y no los hechos en sí: pierdes todas tus pertenencias, cuando no la vida, y, encima, te utilizan para sacar tajada.
No hay luz, no hay agua, no tienes manera de comunicarte para pedir auxilio, no tienes nada para comer, no puedes hacer tus necesidades en condiciones higiénicas, no puedes limpiar a tu bebé o a tus mayores dependientes, no puedes conseguir el medicamento que necesitas, no puedes conectar el respirador, no puedes trasladarte para recibir el tratamiento que te mantiene con vida, no sabes que habrá pasado con la gente que conoces … en fin, me es imposible imaginar el catálogo completo de situaciones en las que se pudieron encontrar las personas afectadas por esta DANA.
También había impotencia entre quienes no estuvimos afectados o lo estuvimos en condiciones nada comparables con las padecidas por quienes veían caer sus casas o esperaban ser rescatados.
¡Ah! Pero teníamos noticias, interpretaciones sesudas de quienes, desde el minuto uno pugnaban por ver quién conseguía mayor audiencia. No vamos a negar aquí la vocación de servicio público de cada uno de los medios de comunicación, ¿quién se atrevería a dudar de sus intenciones?, pero, mientras esperabas noticias del tipo ‘se han despejado las calles de coches’, ‘se está retirando el barro’ o ‘se ha rescatado a las personas más vulnerables’, las que llegaban ponían el foco en si Mazón ha pedido o no refuerzos, si Sánchez los ha proporcionado ¿quién tiene que hacer qué? o ¿a quién corresponde hacerlo? … nada sobre la puesta en marcha de medios efectivos: que si haremos, que si nos coordinaremos, que si ahora entran voluntarios, que si ahora no … y la gente con barro hasta las orejas.
Y es que las noticias no parecían estar dirigidas a actuar como servicio público a quienes padecían las consecuencias de la DANA en primera persona. Tampoco parecían estar dirigidas a quienes querían informarse de lo que estaba sucediendo. A lo que parecía que estaban dirigidas es a construir rápidamente un estado de opinión que ocultara la vergüenza de la ineptitud.
Las alarmas
Declarar un estado de alarma por cualquier riesgo paraliza toda actividad: se deja de trabajar, el turismo cambia de destino, no se sale a comprar … ¡TERROR! la economía se para y nada hay peor que eso, las personas no importan, es la economía la que nos sostiene.
Que se hayan confirmado más de 200 personas muertas no es más que un número. No sabemos sus nombres o sus edades y no nos pueden contar si les arrastró el agua cuando volvían a casa desde el colegio o del supermecado, si estaban tomando algo en un bar en soledad o con compañía, si estaban trabajando o viajando repartiendo encargos a domicilio … en fin, cuando ‘hacíamos vida normal’ porque nadie nos había avisado del peligro.
Las ayudas económicas
¿Qué hay que no pueda solucionar el dinero? … La economía no se podía parar porque se perdían millones, ¿quién los perdía? ¿las empresas de beneficios millonarios que se dedican al turismo, al transporte o a la alimentación? Bien, ¿no podían haber aplazado su negocio por 24 horas?
No se puede tener seguridad, pero esperemos que se harán cálculos a posteriori de las pérdidas que suponían para las empresas ese paro de 24 horas y que se compararán con las pérdidas que ha sufrido toda la población y no solo esas empresas. Sin embargo, creo que nadie nos explicará el alcance de esas cifras. ¿Qué más da que sea mucho más costoso, en vidas y en dinero, haber mantenido la actividad económica en lugar de paralizarla por un breve tiempo?
Ahora están las ayudas, algunas, las que menos (¿20, 25 millones de euros?) para quienes hayan perdido la casa, algunos euros más para los enseres perdidos. Unos 2.500 en infraestructuras según los actuales cálculos.
Me pregunto cuántas personas estarían dispuestas a cambiar cualquier ayuda económica por la vida de sus seres queridos y me pregunto dónde van a ir a parar esos miles de millones que unos anuncian y otros piden ‘para la reconstrucción’ … ¡ah, sí! esa es la otra condición: recuperar la economía basándose en las industrias de la reconstrucción después de los desastres y las de la guerra … ¡bonita sociedad la que estamos manteniendo!
Las actividades de limpieza y normalización
Hay muchos puntos de vista desde los que analizar lo que pasa a nuestro alrededor. Todas parciales si no se tiene en cuenta el conjunto.
Por las imágenes que recibo en los telediarios de distintas cadenas, compruebo una y otra vez que no hay otras personas que las voluntarias para limpiar el barro, que no hay otras personas que las voluntarias las que se han encargado de asegurar la distribución de alimentos, que no hay otras personas que las voluntarias las que se están dando prisa en abrir colegios y centros logísticos y sanitarios para recuperar la normalidad cuanto antes.
Será una apreciación personal pero yo no encuentro elementos de comparación entre la velocidad de limpieza y acondicionamiento entre los municipios afectados, donde vive la gente, y los parques industriales, donde trabaja la gente. ¿Cuántos de esos contingentes oficiales están destinados a la adecuación de los parques industriales? Porque yo no los veo en los pueblos despejando las casas o dispensando comida. Es lógico que las televisiones y otros medios se preocupen por las personas, ¡faltaría más!, la duda es si no se está priorizando nuevamente la actividad económica sobre el cuidado de las personas.
¿Por qué, llenándosele la boca a la clase política de siempre (PP, PSOE y adyacentes) sobre la efectividad de los cuerpos de seguridad, se destaca machaconamente en todos los medios la labor del voluntariado?
Bueno, ellos, los cuerpos de seguridad, están a las órdenes que les dan las autoridades así que estarán realizando las tareas que se les haya encomendado y nuevamente me pregunto si hay más o menos destacados en entornos económicos o en entornos ciudadanos.
Quizás, es otra conclusión (parcial, por supuesto), el elogio del voluntariado esté encaminado a potenciarlo, porque mientras haya voluntariado nadie debe preocuparse del abastecimiento de las personas afectadas … se suplen las carencias.
Pues, señores y señoras, elegimos y pagamos a esa clase política que recompensa los cuidados que no dan con cifras. Y les elegimos y pagamos para que estén a la altura en todas las circunstancias, no solo para el cálculo de votos.
Seguro que el voluntariado será recompensado con algún premio de esos que resultan tan vistosos y camuflan el abandono durante la catástrofe … todo el mundo contento.
Sin embargo algo parece estar claro: solo nos tenemos a nosotros mismos … y eso es decepcionante y deberíamos exigir responsabilidades hasta las últimas consecuencias que estén a las duras quienes se aprovechan de las maduras.
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