(Y sin embargo se mueve)

La frase se le atribuye a Galileo durante el juicio por el que la Inquisición le pedía que renegara de la afirmación de que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol y no al revés. Se aplica, pues, a la negación absurda de una evidencia.
La Iglesia no podía tolerar que se desmintiera la Biblia … se le desmontaba al clero el argumento por el cual podían someter la voluntad del pueblo. Se ponía en duda la existencia de un Dios que lo controlaba todo.
Que la Tierra girase alrededor del Sol venía a confirmar que Dios era una idea creada por los humanos. Mientras se creyera que todo el universo giraba a nuestro alrededor, alrededor de la Tierra, la idea de la existencia de Dios estaba a salvo.
¿Qué había que hacer? … pues lo que siempre se ha hecho, callar al que discrepa aunque haya pruebas suficientes.
Sí, entonces como ahora, había que ser políticamente correcto.
Y sin embargo hay cambio climático
Se nos dirá que eso de la DANA es algo muy complicado que la gente de a pie no podemos entender, porque mientras se nos haga aceptar que solo está al alcance de quienes se dedican a la Meteorología y otras ciencias, nos creeremos cualquier cosa que se nos diga.
Y sí, desde luego que no podremos evaluar el diseño de un modelo climático ¡sólo faltaría! Estamos invirtiendo nuestro dinero (porque el dinero público es el nuestro) para que haya personas que puedan dedicarse a estudiar todos esos datos del comportamiento del clima más a fondo.
Pero cuando invertimos dinero público (nuestro dinero, hay que insistir) lo que se está investigando son fenómenos que nos afectan y, por tanto, se nos deben explicaciones y justificaciones de esas inversiones.
Por supuesto que ahora habrá que interpretar todos esos datos que, sin duda, ayudarán a explicar lo ocurrido pero no hay que olvidar que la Ciencia no es un dios cuyos designios no podemos comprender; como en época de Galileo, la ciencia está para desmentir falsas creencias y, además, está a nuestro servicio y no al revés.
Que calificativos como DANA histórica o afirmaciones como que es un fenómeno habitual en nuestra tierra, no nos hagan perder de vista que, si bien conocemos estas lluvias otoñales, esta ‘gota fría’, si es histórica es porque porque presenta peculiaridades que la alejan de lo que se podría entender como ‘normalidad’.
Sequía y persistencia
Si atendemos a lo que explican las personas expertas, hay dos agravantes en esta DANA.
Por un lado, se produce tras un periodo de sequía. Cuando la tierra está muy seca no empapa sino que el agua de lluvia se desliza por encima y, por tanto, cuando se forma un torrente hay mayor cantidad de agua desplazándose que si parte de ella hubiera sido absorbida en su camino.
Este comportamiento es fácilmente observable: cuando intentamos regar una maceta que hace tiempo no regamos, el agua se queda por encima y solo, cuando lleva un rato estancada, empieza a embeberse. Si inclinamos esa misma maceta, el agua resbalará y no habrá retenido la humedad. Pensemos ahora en un barranco con una superficie seca, la propia inclinación hace que el agua se desplace por encima sin que dé tiempo a calar en la tierra
Eso es lo que ha pasado: la sequía en las cabeceras de los barrancos y torrentes ha dejado pasar el agua por encima sin que, en todo el espacio de su recorrido, haya podido permanecer el tiempo suficiente para penetrar en la tierra. No da tiempo a que se formen charcos que acabarán filtrando el agua. La tierra seca escupe el agua, se hace impermeable.
Por otro lado está la persistencia, es decir, que la DANA haya permanecido estable sobre la misma zona. Esto es debido a los cambios en el régimen de vientos en la atmósfera (toda la atmósfera, no solo la que está por encima de nuestras cabezas, sino la que rodea nuestro planeta).
Los vientos ya no fluyen libremente como lo hacían antes de que cargáramos la atmósfera de emisiones que van impidiendo su paso. Cuando una tormenta, también una DANA, no encuentra obstáculos en su desplazamiento, es más difícil que la lluvia se concentre en un solo punto, la propia expansión de la borrasca hace que la cantidad de agua generada caiga sobre una superficie más amplia y, por tanto, de forma más débil y dispersa: no es lo mismo que caigan 10 litros sobre un metro cuadrado que lo hagan sobre 100 metros cuadrados.
Otro argumento que nos encontraremos: es un fenómeno local, propio de nuestra comunidad.
Pues sí, es cierto, nuestra comunidad tiene una geografía que facilita la formación de estas tormentas otoñales. El mar Mediterráneo, al ser un mar pequeño y cerrado, aumenta su temperatura después de los veranos calurosos y eso alimenta las tormentas a las que estamos acostumbrados.
Sin embargo, que sea una característica de nuestro territorio no nos debe engañar: el aumento de estas DANA destructivas no es lo que cabría esperar y tampoco son fenómenos que solo se den aquí. Hemos estado viendo inundación tras inundación en las Baleares que están mucho más expuestas a esas variaciones térmicas del Mediterráneo.
Pero, por alarmantes, hay que acordarse de otros episodios que parecen ya olvidados a pesar de que solo ha transcurrido un año. ¿Es que ya no tenemos presente que hace un año la tormenta Daniel inundó Libia produciendo miles de muertos? ¿es que ya no tenemos presente que esa misma Daniel inundó Grecia? ¿es que tampoco tenemos presente que unas pocas semanas después otro temporal, Elías, volvía a arrasar Grecia?.
Solo un año nos separa de aquellos episodios y parece que fueran siglos, así de rápido olvidamos (y nos ayudan a olvidar).
Sin embargo, a pesar de lo que nos digan, el cambio climático existe y lo hemos provocado priorizando un modo de vida, el capitalista, que nos está matando.
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