Cada vez más la gente huye de ser identificada con cualquier cosa que evoque la palabra ecología o de manifestarse a favor de la protección del medio ambiente, ¿qué ocurre?, ¿está desprestigiado?
Bueno, si lo está, tendremos que analizar los motivos y, si no los hay, pues habrá que devolverle el prestigio que le corresponde.
No hay que ir muy lejos para aclararnos con eso de ‘ecología’. La RAE la define como “ciencia que estudia los seres vivos como habitantes de un medio, y las relaciones que mantienen entre sí y con el propio medio”. Y nos gustan los documentales de ‘animales en su medio’ pero huimos de reconocer que el ser humano es, no solo parte de él, sino que lo necesita para vivir.
Nos hemos acostumbrado a leer las noticias rápidamente, sin tomarnos tiempo para detenernos a analizar el alcance de las mismas, en como nos afecta. Inconscientemente damos por hecho que, si no se está refiriendo a mi barrio o a mi pueblo, no nos está perjudicando.
Hay que insistir, en ecología, lo que ocurre a kilómetros, incluso a miles de kilómetros, afecta.
Cruzar las líneas
Resulta curioso lo opuestas que pueden ser las cosas por poco que se incline una balanza.
Volvamos a los resultados electorales autonómicos.
Contando los votos que han valido escaños: de un lado PP+Vox (1.192.077 votos), de otro PSPV-PSOE+Compromís+UP-EUPV (1.154.283 votos), diferencia: 37.794.
Siguiendo con las matemáticas, que nunca engañan, podemos decir que, redondeando, de cada 100 personas, 51 (el 50,8%) avalarían la política del grupo de gobierno, PP+Vox y las restantes 49 (49,19%) estarían en contra.
La pregunta es ¿esa escasa diferencia es suficiente para que se lleven a cabo políticas tan opuestas? … en relación con el medio ambiente, se entiende aquí.
Sin entrar a valorar si la ley les permite o no que cada uno de los grupos realice sus políticas concretas, una cuestión que debería estar presente es ¿que papel juega la ciudadanía cuando el resultado está tan apretado? ¿puede el grupo que puede formar gobierno afirmar rotundamente que su política concreta es la mejor? ¿puede imponer acciones por el ‘aval de los votos’?
No hay que dejar de recordar a los partidos ganadores, sean quienes sean, que hemos ido estableciendo mecanismos de participación ciudadana que nos permiten controlar sus actuaciones.
Regreso a un pasado destructivo
Da miedo pensar que por esos 37.794 votos de diferencia (disculpas por no contar las opciones que se quedaron fuera del parlamento autonómico), se van a recuperar esas ideas de desarrollismo que tanto daño hicieron.
Con mucho esfuerzo, se iba asimilando que muchas veces es mejor renunciar a ansias de enriquecimiento rápido a favor de la protección de espacios naturales de los cuales depende nuestra vida biológica, no nuestra vida consumista, aunque a veces pensemos que ésta es más necesaria que la otra.
Por centrarnos únicamente en Valencia y sus alrededores; cuando, de nuevo, se oyen defensas de la política del ladrillo apoyando las grandes infraestructuras: ampliar la avenida de la Alameda hasta el mar o el puerto de Valencia te vienen a la memoria acciones del pasado que creías habían sido superadas. No se puede evitar pensar en lo que costó a la ciudadanía defender El Saler. Recordemos el eslogan ‘El Saler per al poble’

La importancia de la Albufera
Conseguimos entonces la protección de la Albufera con la declaración de Parque Natural.
Y digo conseguimos, en plural, porque fuera interviniendo entonces directamente o no, el resultado es un logro para toda la población, la de cualquier época, porque el territorio no es de nadie en concreto sino que es ‘nuestro’, colectivamente, y como tal debemos exigir que se mantenga y ‘amplíe’ su protección, porque es beneficio para todos.
Y dice el Decreto de declaración del parque: “se declara Parque Natural el sistema conformado por el lago de la Albufera de Valencia, su entorno húmedo y la barra o cordón litoral adyacente a ambos”.
Así que, entra el tembleque cuando nos alertan noticias como que la Cofradía de Pescadores de Cullera no quiere que se extraiga arena de sus fondos porque eso acabaría con su caladero y, por tanto, con su medio de vida.
Porque esa arena extraída que, hay que tener presente, acaba con los fondos que permiten la posterior pesca, está destinada a regenerar playas que han ido perdiendo la arena propia. Así de fuerte es el sector turístico intensivo presionando sobre otros medios de vida con los que no le importa acabar a pesar de sus buenas palabras.
Y no tendría nada de malo paliar esa pérdida de un modo razonable (o racional, como todo) si no fuera porque esa pérdida de arena se debe, en mucho, a la construcción de diques (pensemos en la ampliación del puerto) que cambian la orientación del oleaje impidiendo que las olas sigan su camino natural depositando la arena en la costa. Arena que se aporta por la desembocadura de los ríos.
Apoyar todo este tipo de obras que se reivindican para el ‘desarrollo’ de Valencia, no hacen sino perjudicar uno de sus pulmones verdes: la Albufera. Porque afecta, y mucho, al cordón litoral que el Decreto de declaración incluye en el parque natural.
Bueno, ¿y qué tiene que ver la Albufera con Siete Aguas?
¡Pues tiene que ver! Y no poco. No hay que olvidar que el medio natural de Siete Aguas no acaba en sus límites territoriales políticos.
En 1995 se aprueba el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de la Cuenca Hidrográfica de la Albufera. que es de aplicación en 57 municipios entre los que hay que destacar nuestros compañeros comarcales: Buñol, Cheste, Chiva y Godelleta y se les incluye por su aportación de agua al lago a través de los sistemas de barrancos, escorrentías y filtraciones.

No hay que profundizar mucho: varios barrancos situados en el término municipal de Siete Aguas vierten sus aguas al río Buñol, éste al Magro y, por fin, al Júcar; cuencas todas incluidas en la protección de la Albufera.
Hay que recordar, porque nos afecta con los proyectos de instalaciones de plantas fotovoltaicas, que precisamente el informe medioambiental negativo de afectación al Parque Natural de la Albufera, ha sido decisivo para desestimar la instalación de dos de ellas en los términos vecinos de Chiva y Godelleta.
Todo está relacionado, por lejos que parezca.
Y aquella campaña de El Saler, el desarrollismo que defendía entonces es exactamente el mismo que se defiende ahora con las instalaciones indiscriminadas y masivas de energías renovables.
Y es tan irracional todo que, cuando se explica esto, a quien se desprestigia es a quien lo dice, no a quien atenta contra el medio.
Dirán que apoyar el medio ambiente es destruir nuestro medio de vida pero no parece que seamos conscientes de que no proteger el medio ambiente es atentar contra nuestra propia vida.
Dirán que apoyar el medio ambiente es destruir nuestro medio de vida pero no parece que seamos conscientes de que no proteger el medio ambiente es atentar contra nuestra propia vida.
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