También la inclinación del eje terrestre nos afecta

Vivimos en un planeta que es un milagro. Que exista la especie humana es un milagro. Es un milagro porque hay una infinidad de casualidades que lo han hecho posible.

Una de las peculiaridades que ha permitido que la vida sea como es, es la inclinación de nuestro planeta con respecto al Sol.

Que la Tierra se mantenga a lo largo de su órbita alrededor del Sol en la misma posición, ha propiciado que disfrutemos de estaciones, que alterne temperaturas entre el hemisferio norte y el sur, que las cosechas tengan un ciclo anual.

El eje terrestre no varía su inclinación, siempre apunta hacia la estrella Polar. Esto hace que los rayos del Sol durante medio año alcancen el Polo Sur y otro medio año al Polo Norte. Alternativamente, uno de polos está en penumbra mientras el otro está iluminado y, por tanto, en el hemisferio norte será verano cuando sea invierno en el hemisferio sur, y viceversa.

Vamos a verlo gráficamente:

Esto, que se ha mantenido con sus oscilaciones naturales durante millones de años, nosotros, los humanos, nos lo hemos cargado en un siglo.

Ya hemos visto las noticias: el eje de la tierra se ha inclinado 80 cm debido al desplazamiento del agua, tanto porque se están derritiendo los casquetes polares como por la extracción de agua que ha hecho que el equilibrio en la distribución de la masa de la tierra (¡la masa de la tierra!) se modifique y, con ello, que se incline un poco más el eje terrestre.

¿Y qué pasa al modificarse?

Pues que todo se modifica: el ecuador se modifica y, con él, las zonas climáticas (trópicos, zonas templadas, círculos polares) pero además, irá a peor si no lo evitamos: al cambiar el ángulo con que los rayos del sol inciden sobre los polos, éstos se calentarán más derritiendo más agua que nosotros extraeremos para poder tener, por ejemplo, coches o televisiones más grandes o teléfonos móviles que mejoren su velocidad de descarga en un microsegundo.

Una imagen vale más que mil palabras. Por simplificar, con el eje más inclinado los cambios se aceleran:

Una primera alerta surgió en 2016.

No es este el sitio para profundizar pero sí se pueden citar algunos estudios.

La primera alarma había detectado un desplazamiento ‘no natural’ del eje. Los datos recogidos en el periodo 2003-2015 constataban que ese desplazamiento polar del eje se debía al transporte de masas de agua desde el continente al océano. Esto es, el hielo polar, que es agua dulce producto de millones de años, se va descongelando y el agua del deshielo se vierte al océano aumentando su volumen.

Pero no solo el deshielo es la causa del aumento del nivel del mar, también la extracción de aguas subterráneas contribuye. El agua subterránea extraída igualmente termina desaguando en el mar, no regresa al subsuelo que requiere un proceso geológico mucho más lento. Extraer las cantidades ingentes que utilizan nuestras industrias o las transformaciones de suelos agrícolas hacia el regadío intensivo, agravan el problema.

Han seguido otros avisos

En 2018 ya se comprobaba que la aceleración de la inclinación del eje producida por el desplazamiento de la masa de agua hacia el océano tenía una relación directa con la actividad humana.

Nuevamente, en 2021, las investigaciones insistían en una relación directa entre ese desplazamiento del eje y el cambio climático.

Cada vez se conocen más datos y estamos ante la reciente publicación de un último estudio que nos sigue disparando alarmas sobre la responsabilidad humana en el desplazamiento del eje que, cada vez más, va pareciendo irreversible.

Eso sí, se nos ha dicho tantas veces que la tecnología nos salvará, que así lo creemos sin dudarlo a pesar de que la comunidad científica nos dice que no es cierto. Construiremos cohetes que irán a la Luna o a Marte en un pispás y nos traerán el agua que derritamos de sus polos porque nuestra tecnología, en lugar de dedicarla a mejorar las condiciones en la Tierra, la habremos dedicado a extraer los recursos de otros planetas.

Claro, que como ya tenemos experiencia en calentamientos, igual acortamos el tiempo y logramos que Marte, por ejemplo, incline su eje para que su hielo se derrita más rápidamente y podamos aprovecharnos de su agua.

Seguro que alguien está pensando que no es para alarmarse tanto.

¡Qué exageración! ¿Qué son 80 cm comparados con lo grande que es la Tierra?

Pensémoslo de otra manera: hemos conseguido mover 80 cm un planeta que pesa 5,972 x 1024 kg.

Sí: 5.972.000.000.000.000.000.000.000 kg

¡¡¡Un gran récord!!! … no sé con qué argumentos se lo podremos explicar a nuestros nietos si es que podemos seguir teniéndolos.

¿Cómo es posible que hayan resistido las más de 2.000 generaciones anteriores sin nuestros ‘adelantos’?

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