
Este ya famoso grupo que conocemos como ‘Los tres monos sabios’ aparece originariamente en el santuario sintoísta Tōshō-gū, en la ciudad de Nikkō, situada a unos 80 km al norte de Tokio. Junto con el budismo, el sintoísmo es una religión muy arraigada en Japón que cree que las cosas no humanas tienen una esencia espiritual. Este santuario data de mediados de la década de 1610 y fue declarado Patrimonio cultural de la Humanidad en 1999.
En la antigüedad se creía que los monos protegían a los caballos, así ocho esculturas en madera de monos aparecen en el exterior del establo del santuario, entre ellas, las de estos tres.
Hay muchas interpretaciones de lo que tratan de transmitir estas esculturas. Para los japoneses parece que quieren decir ‘no mires el mal, no escuches el mal, no difundas el mal’.
El caso es que no somos japoneses y, en general, no somos capaces de alcanzar el verdadero significado de esta cultura oriental; además estamos en el siglo XXI y conocemos la historia; podemos buscar otra interpretación.
Las imágenes pueden crearse con una intención, pero la interpretación depende de quien las mira.
Tradicionalmente se ha querido transmitir que las figuras de estos tres monos representan la prudencia: si no miras, no oyes y no hablas, todo te irá bien.
El caso es que, en origen, ese santuario fue mandado construir en honor del primer señor del régimen feudal nipón y, desde nuestra perspectiva, no podemos dejar de preguntarnos si lo que verdaderamente querían decir los tres monos es: ‘ten cuidado con lo que oigas, veas o digas, o puedes meterte en problemas’.
Podría ser, entonces, una advertencia de un gobernante hacia sus súbditos.
Aún podemos dar un paso más. No hay una mano externa que tape la boca, ojos y oídos, eso significaría que ‘se censura’.
El triunfo del mensaje no está en decirte claramente que ‘no hables, no mires, no oigas o te atienes a las consecuencias’ sino en que seas tú mismo quien se autocensure, se tape la boca, los oídos y los ojos … como los monos de la imagen.
Podríamos decir que el mensaje más simple no sería ‘sé prudente’ sino ‘ten miedo’. Porque una cosa es la prudencia y otra muy distinta callarse ante la injusticia o el abuso.
Nada en ese friso de los monos hace pensar que se dirige también al propio gobernador que lo inspiró. Cabría preguntarse ¿por qué la prudencia se pide a los gobernados y no a los gobernantes?.
La pregunta sirve para cualquier organismo, incluido nuestro pueblo.
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