Preocuparse por el cambio climático no es cosa de cuatro exaltados

En efecto, no es una inquietud que mueva a personas que no tienen nada mejor que hacer. Los organismos encargados de proteger la salud, por ejemplo, no cesan de avisarnos sobre los efectos del cambio climático.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre la calidad del aire porque considera que está estrechamente relacionada con el clima del planeta y los ecosistemas de todo el mundo.

Los datos de la OMS muestran que casi toda la población mundial (el 99%) respira un aire que supera los límites recomendados y contiene altos niveles de contaminación.

No se pueden poner barreras al aire que se respira y, por ello, no se puede pensar que se está a salvo por el hecho de vivir en un medio rural.

Y sigue diciendo la OMS: los contaminantes microscópicos del aire pueden sobrepasar las defensas de nuestro cuerpo y penetrar profundamente en nuestro sistema respiratorio y circulatorio, lo que daña nuestros pulmones, corazón y cerebro.

La falta de contaminación atmosférica visible, continúa la OMS, no es una indicación de que el aire sea saludable. En las ciudades y pueblos de todo el mundo, los contaminantes tóxicos superan los valores recomendados.

Otro ejemplo: el Ministerio de Sanidad, en 2017, pidió a un grupo de expertos que realizara un estudio para empezar a coger datos y, con ellos, poder realizar un seguimiento de cómo afecta a nuestra salud el deterioro del medio ambiente.

En el estudio se seleccionaron una serie de indicadores que conviene controlar porque se estiman directamente relacionados con el cambio climático. Son estos:

  • Ingresos hospitalarios por efectos de calor.
  • Tasa de Mortalidad por exposición a calor natural excesivo
  • Exceso de mortalidad general observada sobre la esperada.
  • Tasa de Mortalidad por exposición al frio natural excesivo
  • Municipios en los que se detecta presencia o establecimiento del mosquito Aedes albopictus (mosquito tigre).
  • Episodios por superación de microcistinas y/o cianobacterias en agua de consumo y en aguas de baño. (Las microcistinas producen alteraciones gastrointestinales, reacciones alérgicas o irritación. Las cianobacterias pueden producir alteraciones tanto por contacto como por ingestión de alimentos o agua).
  • Concentración atmosférica de polen potencialmente alergénico.
  • Concentración atmosférica de esporas de hongos alergénicas.

La lista anterior se completa con otros indicadores complementarios entre los que se pueden destacar:

  • Brotes anuales por enfermedades de transmisión hídrica y coincidentes con la ocurrencia de sequías e inundaciones (eventos climáticos extremos)
  • Ingresos hospitalarios de tipo urgente por asma de naturaleza alérgica
  • Ingresos hospitalarios de tipo urgente por Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)
  • Variación en la tasa de mortalidad por causas respiratorias
  • Variación en la tasa de mortalidad por causas cardiovasculares

El objetivo general que se perseguía, y se persigue, es “seguir activamente la evolución de los principales impactos conocidos en la salud como consecuencia del cambio climático, en la población española”.

Como se puede comprobar, nada tiene que ver con la ofuscación de cuatro exaltados como quieren hacernos creer.

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